jueves, 16 de octubre de 2008

El teatro.

Se respiraba en el ambiente la falsa emoción. Corrían las voces de aquí a allá perdiendo registros, colores y oportunidades de ser. La gente se disfrazaba en la multitud. La música callaba sus voces y el eco perturbaba el desequilibrio. Aquél hombre tenía la palabra temblorosa y titubeante y yo la posibilidad de desquitar en él tierra de miga del pasado. Con el silencio marcaba su inválida experiencia. Se notaba en la postura que esperaba que mi voz resaltara y que hiciera honor a mi fama. Sin embargo verlo a mis pies tenía todavía cierto encanto. Jugaba con su sombra y la posibilidad de tenerlo cuando quisiera, sin darme cuenta que así adormecía el deseo y aumentaba la intriga de saberme querida. La costumbre tapaba mis venas pero mis tiempos ya comenzaban a correr diferentes. En ese hombre que acababa de reducirse a lo más ínfimo de su ser, encontraba yo un golpe de fortuna que pretendía ser eterno.

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