Se respiraba en el ambiente la falsa emoción. Corrían las voces de aquí a allá perdiendo registros, colores y oportunidades de ser. La gente se disfrazaba en la multitud. La música callaba sus voces y el eco perturbaba el desequilibrio. Aquél hombre tenía la palabra temblorosa y titubeante y yo la posibilidad de desquitar en él tierra de miga del pasado. Con el silencio marcaba su inválida experiencia. Se notaba en la postura que esperaba que mi voz resaltara y que hiciera honor a mi fama. Sin embargo verlo a mis pies tenía todavía cierto encanto. Jugaba con su sombra y la posibilidad de tenerlo cuando quisiera, sin darme cuenta que así adormecía el deseo y aumentaba la intriga de saberme querida. La costumbre tapaba mis venas pero mis tiempos ya comenzaban a correr diferentes. En ese hombre que acababa de reducirse a lo más ínfimo de su ser, encontraba yo un golpe de fortuna que pretendía ser eterno.
jueves, 16 de octubre de 2008
El teatro.
Se respiraba en el ambiente la falsa emoción. Corrían las voces de aquí a allá perdiendo registros, colores y oportunidades de ser. La gente se disfrazaba en la multitud. La música callaba sus voces y el eco perturbaba el desequilibrio. Aquél hombre tenía la palabra temblorosa y titubeante y yo la posibilidad de desquitar en él tierra de miga del pasado. Con el silencio marcaba su inválida experiencia. Se notaba en la postura que esperaba que mi voz resaltara y que hiciera honor a mi fama. Sin embargo verlo a mis pies tenía todavía cierto encanto. Jugaba con su sombra y la posibilidad de tenerlo cuando quisiera, sin darme cuenta que así adormecía el deseo y aumentaba la intriga de saberme querida. La costumbre tapaba mis venas pero mis tiempos ya comenzaban a correr diferentes. En ese hombre que acababa de reducirse a lo más ínfimo de su ser, encontraba yo un golpe de fortuna que pretendía ser eterno.
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