Yo a la soledad no le tengo miedo. Bueno, un poco de miedo todavía le tengo.. pero estoy aprendiendo a convivir con ella aunque no quiera.
No por nada particular, pero la soledad me cae mal y a veces hasta me hace llorar. Es muy metida, está en todos lados. Como en los domingos por la noche, los sábados y algunos viernes cuando tengo tiempo. Porque la soledad no está en mi rutina, aunque a veces..
martes, 25 de noviembre de 2008
miércoles, 19 de noviembre de 2008
Etc
Hace tiempo que me encuentro y me vuelvo a perder. Es como si ya no supiera agarrarme fuerte de la mano. Todo lo que escribo lo rompo y lo vuelvo a empezar. Las palabras se endurecen y cada vez salen menos de mi boca. Murmuro como siempre. Hablo sin modular.
La gente no me entiende y yo tampoco.
Sin embargo, las voces insisten en hacerse escuchar y se sobreponen a todos los sonidos.
Pero el mundo hace ruido.
Ya esta negro y larga humo.
Escupe.
Se calla y llora.
El mundo se está suicidando
frente a mi.
La gente no me entiende y yo tampoco.
Sin embargo, las voces insisten en hacerse escuchar y se sobreponen a todos los sonidos.
Pero el mundo hace ruido.
Ya esta negro y larga humo.
Escupe.
Se calla y llora.
El mundo se está suicidando
frente a mi.
jueves, 13 de noviembre de 2008
Ficción.
Alguna vez te dije que enamorarse era mala palabra y apostar, un riesgo que no valía.
Nunca me importó ganar o perder, porque nunca quise jugar.
Y si tenía miedo, no existía. Porque aceptarlo me aterraba todavía más.
Cerraba la cortina y aunque el telón estuviera bajo, la obra seguía sin escenario.
Y el tiempo no ayuda. Endurece más el hielo y convence hasta el ser que finge sin querer.
El frío cuerpo vende una fría imagen que, pocos saben, pero se derrite al primer calor.
Y encima, duele.
Nunca me importó ganar o perder, porque nunca quise jugar.
Y si tenía miedo, no existía. Porque aceptarlo me aterraba todavía más.
Cerraba la cortina y aunque el telón estuviera bajo, la obra seguía sin escenario.
Y el tiempo no ayuda. Endurece más el hielo y convence hasta el ser que finge sin querer.
El frío cuerpo vende una fría imagen que, pocos saben, pero se derrite al primer calor.
Y encima, duele.
lunes, 10 de noviembre de 2008
Liberación
Cada lágrima nace de tu herida, que ya no sangra, pero arde y quema. Se escucha en el silencio el eco de los golpes que nos despojaron del sillón. Tu boca escupe perdones que se tiñen de rojo y la cuerda, constante y frágil, se corta. Y caemos en que nada permanece y el impacto nos duele más que querernos. Lloramos las penas una por una y cruzamos las fronteras del parecer al ser. Liberándonos.
De pie.
La adversidad te golpeó fuerte. Y sin embargo estás de pie.
El destino te esta poniendo a prueba a ver cuanto cargas, y "carguen carguen que la mula es mansa". El super hombre que no sos, resiste y vos te quebrás intentando simular que nada pasa.
Y pasa, sabés? Porque la adversidad te golpeó fuerte, y sin embargo estás de pie.
El destino te esta poniendo a prueba a ver cuanto cargas, y "carguen carguen que la mula es mansa". El super hombre que no sos, resiste y vos te quebrás intentando simular que nada pasa.
Y pasa, sabés? Porque la adversidad te golpeó fuerte, y sin embargo estás de pie.
sábado, 8 de noviembre de 2008
Aquella vieja historia.
Y de paso ese instante que nos encontramos a un centímetro de distancia, que las conversaciones se dan por terminadas y que tu mano esta sobre mí; en el que frenamos y juntos nos burlamos de tantas cosas.
Y sin embargo..
"Es injusto"- me dijo enojado. "Me tiras a matar y me dejas herido. Solo. Envejecido. Sin eso que sos vos". Temblaba y se reía por los nervios, ya lo conocía. También sé que se tapaba la cara cuando yo le respondía y usaba sus manos como escudos (¡pero qué débiles!).
Siguió con la historia como si nada. Como si no le importara que lo estuviese escribiendo. Pero le importaba (y eso también lo había conocido).
El bar estaba lleno y Buenos Aires olía a café con leche. Los pedazos de historias finalmente se encontraban a las siete de la tarde, cuando el sol se olvidaba de caer por el cambio de hora del lado este. Las bocinas marcaban el compás, los celulares, las voces.
Me despertó de mi descripción con un golpe en la mesa mientras terminaba de decir "y eso no lo aguanto!". Se delató en mi expresión que no tenía idea de que me hablaba y le pedí perdón. "A esto es a lo que me refiero, ves? Necesitas soltar el lápiz y golpearte con el piso. Ya no me escuchas y eso no lo aguanto!". Tenía razón y se lo reconocí.
La 9 de julio estaba apestada. Demasiada gente, muchos autos y más calor. La ciudad y el fin de año nunca se llevaron muy bien juntos y Buenos Aires y diciembre eran casi enemigos intimos.
"No me miras y vivís en otro mundo. Ya no me respondes de la misma manera y aunque te ofrezca lo bueno o lo mejor, a vos te da lo mismo. Pero lo peor es que no me importa, sabes? Porque sin embargo, te quiero".
Las bocinas se callaron. Buenos Aires, el café, diciembre y el resto de historias sin final se unieron y terminaron todos con su nombre.
Siguió con la historia como si nada. Como si no le importara que lo estuviese escribiendo. Pero le importaba (y eso también lo había conocido).
El bar estaba lleno y Buenos Aires olía a café con leche. Los pedazos de historias finalmente se encontraban a las siete de la tarde, cuando el sol se olvidaba de caer por el cambio de hora del lado este. Las bocinas marcaban el compás, los celulares, las voces.
Me despertó de mi descripción con un golpe en la mesa mientras terminaba de decir "y eso no lo aguanto!". Se delató en mi expresión que no tenía idea de que me hablaba y le pedí perdón. "A esto es a lo que me refiero, ves? Necesitas soltar el lápiz y golpearte con el piso. Ya no me escuchas y eso no lo aguanto!". Tenía razón y se lo reconocí.
La 9 de julio estaba apestada. Demasiada gente, muchos autos y más calor. La ciudad y el fin de año nunca se llevaron muy bien juntos y Buenos Aires y diciembre eran casi enemigos intimos.
"No me miras y vivís en otro mundo. Ya no me respondes de la misma manera y aunque te ofrezca lo bueno o lo mejor, a vos te da lo mismo. Pero lo peor es que no me importa, sabes? Porque sin embargo, te quiero".
Las bocinas se callaron. Buenos Aires, el café, diciembre y el resto de historias sin final se unieron y terminaron todos con su nombre.
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