sábado, 8 de noviembre de 2008

Y sin embargo..

"Es injusto"- me dijo enojado. "Me tiras a matar y me dejas herido. Solo. Envejecido. Sin eso que sos vos". Temblaba y se reía por los nervios, ya lo conocía. También sé que se tapaba la cara cuando yo le respondía y usaba sus manos como escudos (¡pero qué débiles!).
Siguió con la historia como si nada. Como si no le importara que lo estuviese escribiendo. Pero le importaba (y eso también lo había conocido).
El bar estaba lleno y Buenos Aires olía a café con leche. Los pedazos de historias finalmente se encontraban a las siete de la tarde, cuando el sol se olvidaba de caer por el cambio de hora del lado este. Las bocinas marcaban el compás, los celulares, las voces.
Me despertó de mi descripción con un golpe en la mesa mientras terminaba de decir "y eso no lo aguanto!". Se delató en mi expresión que no tenía idea de que me hablaba y le pedí perdón. "A esto es a lo que me refiero, ves? Necesitas soltar el lápiz y golpearte con el piso. Ya no me escuchas y eso no lo aguanto!". Tenía razón y se lo reconocí.
La 9 de julio estaba apestada. Demasiada gente, muchos autos y más calor. La ciudad y el fin de año nunca se llevaron muy bien juntos y Buenos Aires y diciembre eran casi enemigos intimos.
"No me miras y vivís en otro mundo. Ya no me respondes de la misma manera y aunque te ofrezca lo bueno o lo mejor, a vos te da lo mismo. Pero lo peor es que no me importa, sabes? Porque sin embargo, te quiero".
Las bocinas se callaron. Buenos Aires, el café, diciembre y el resto de historias sin final se unieron y terminaron todos con su nombre.

No hay comentarios: