Algunos rezan en voz alta, otros murmuran por lo bajo.
Están los que se descargan con la pared, y los que, como yo, nos refugiamos en un lápiz y un papel. La mayoría le habla a Dios.
Yo hablo sola pero, por lo menos, aprendí la palabra fe.
miércoles, 22 de octubre de 2008
lunes, 20 de octubre de 2008
Campo.
Costa.
Volver.
Se arropa el dolor que surge del despojo y aquella boca escupe algún perdón que se ensangrienta de orgullo.
Se espera una respuesta y se recibe el golpe con los brazos abiertos.
Tengo miedo de volver a abrazar tu mano.
Cruzando las fronteras nos espera el impacto.
jueves, 16 de octubre de 2008
Su muerte.
Quema el vacío como el fuego donde ya mis sueños se extinguen. Quema la soledad; el no tenerte acá conmigo porque el silencio es mal amante y la lluvia no sabe acompañar.
Pesa el vértigo sobre mi espalda y cada beso malgastado se convierte en agonía.
El dolor se mantiene en el pecho donde resignada la pasión todavía llena.
Los excesos se rinden en mi cuerpo y desnudan la distancia astuta de dolernos.
Por la frontera se filtra la nostalgia de sentir tus manos antes que fueran tan mías durante aquél olor a verde cuando nada sentía el atardecer.
Es ahora que el mal ahoga inmundo pero no muere, que la lágrima cae y pocos ojos se abren.
Es ahora que ya da asco respirar de su mismo aire y que en los últimos sonidos escucho al infinito suspirar mi nombre.
Pesa el vértigo sobre mi espalda y cada beso malgastado se convierte en agonía.
El dolor se mantiene en el pecho donde resignada la pasión todavía llena.
Los excesos se rinden en mi cuerpo y desnudan la distancia astuta de dolernos.
Por la frontera se filtra la nostalgia de sentir tus manos antes que fueran tan mías durante aquél olor a verde cuando nada sentía el atardecer.
Es ahora que el mal ahoga inmundo pero no muere, que la lágrima cae y pocos ojos se abren.
Es ahora que ya da asco respirar de su mismo aire y que en los últimos sonidos escucho al infinito suspirar mi nombre.
El campo de estabilidad eterna
Verde se veía el futuro como envolvente el cielo. Creíamos tenerlo todo y así era: nos teníamos a nosotros. Matábamos costumbres por placer y nos dejábamos llevar por el impulso de querernos. Añorando el infinito, dejando de lado la furia y la razón, caminábamos el desafío de llamarnos nosotros.Porque siempre el resto como juez. Siempre que el ambiente que mira y nuestros miedos que se toman de la mano. Éramos nosotros los culpables. No los valientes si no los que habían besado la locura. ¡Equivocados ellos que nos creían efímeros y yo que cedí nuestro cielo a la soga que nos ahorcaba!
Sin darme cuenta que no importaba que el tiempo pasara,
nosotros seguiríamos siendo eternos.
El teatro.
Se respiraba en el ambiente la falsa emoción. Corrían las voces de aquí a allá perdiendo registros, colores y oportunidades de ser. La gente se disfrazaba en la multitud. La música callaba sus voces y el eco perturbaba el desequilibrio. Aquél hombre tenía la palabra temblorosa y titubeante y yo la posibilidad de desquitar en él tierra de miga del pasado. Con el silencio marcaba su inválida experiencia. Se notaba en la postura que esperaba que mi voz resaltara y que hiciera honor a mi fama. Sin embargo verlo a mis pies tenía todavía cierto encanto. Jugaba con su sombra y la posibilidad de tenerlo cuando quisiera, sin darme cuenta que así adormecía el deseo y aumentaba la intriga de saberme querida. La costumbre tapaba mis venas pero mis tiempos ya comenzaban a correr diferentes. En ese hombre que acababa de reducirse a lo más ínfimo de su ser, encontraba yo un golpe de fortuna que pretendía ser eterno.
lunes, 13 de octubre de 2008
Ella
Solías tocar el sol al despertarte, caer antes de mostrarte, tener la voz sin nicotina, clara y paciente. Reir hasta entender el enojo ajeno, las faltas, los vacíos.
Solías tener el orden de las cosas, el as bajo la manga, el poder en la palabra. Eras la espera infinita, la compañera de cualquier ruta.
Te subías al tren, dejabas la estación, soltabas manos y te desatabas del horizonte; eran vos y los pocos años sangrando de la herida colectiva
Solías tener el orden de las cosas, el as bajo la manga, el poder en la palabra. Eras la espera infinita, la compañera de cualquier ruta.
Te subías al tren, dejabas la estación, soltabas manos y te desatabas del horizonte; eran vos y los pocos años sangrando de la herida colectiva
jueves, 9 de octubre de 2008
Error.
El palo cae del árbol de la última rama que casi toca el cielo. Al palo lo piso yo que vengo de tropezarme con la piedra que se desgarró de la montaña porque los años le pasaron por encima (A mi también).La piedra golpeó mi cabeza, que gritó del dolor, y me enseñó que detenerse tiene todavía algún encanto. El palo se cruzó en mi camino y me hizo tambalear al borde del precipicio. La altura me abrió los ojos y de un salto me devolvió al pasto, desde donde observo a la última rama del árbol que casi toca el cielo mientras cae el palo. Y sin querer repetir la historia, doy un paso al costado.
viernes, 3 de octubre de 2008
Vértigo.
El vértigo esta en el músculo desgarrado, en las nauseas y en la desesperación- Está en la calle vacía, en la falta de aire, en el ahogo y en el reposo.
Está en el superarme que no entiende el inconsciente- En cada nudo de mi espalda, en cada vuelta de mi cabeza. El vértigo grita y se confunde con pánico. El vértigo está en la lágrima que forzada aprende a caer y que con las líneas de fuerza que deja, enseña que todavía hay que aprender cuando parar.
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