Solías tocar el sol al despertarte, caer antes de mostrarte, tener la voz sin nicotina, clara y paciente. Reir hasta entender el enojo ajeno, las faltas, los vacíos.
Solías tener el orden de las cosas, el as bajo la manga, el poder en la palabra. Eras la espera infinita, la compañera de cualquier ruta.
Te subías al tren, dejabas la estación, soltabas manos y te desatabas del horizonte; eran vos y los pocos años sangrando de la herida colectiva
Solías tener el orden de las cosas, el as bajo la manga, el poder en la palabra. Eras la espera infinita, la compañera de cualquier ruta.
Te subías al tren, dejabas la estación, soltabas manos y te desatabas del horizonte; eran vos y los pocos años sangrando de la herida colectiva

No hay comentarios:
Publicar un comentario