
Éramos cuatro historias encontradas en una noche que terminaba y volvía a empezar. Llenos de aire libre de verano, enterrábamos nuestros pies en la arena. Expectantes nosotros, las cuatro copas y el pan dulce, el reloj decía que faltaba todavía media hora. Las conversaciones estaban bien vestidas para apurar al tiempo mientras el cielo se teñía lentamente con fuegos de colores.
A gritos deshinibidos de verguenza, cantábamos los últimos diesiseis segundos de este fin, Cada una, un año de mi vida que moría con una imágen y una canción.
Ahí yo, observándome de lejos, obligándome a mirar interminablemente el agua, cada vez más vacía y con la sonrísa más falsamente firme.
Se termina la cuenta regresiva y todos nos abrazámos deseándonos lo mejor. Las copas chocas y la noche parece despertarse derrepente. Primero de enero otra vez; volví a nacer.

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