Hoy es una día más y la sonido del celular me despierta de un sobresalto. Son las seis y cuarenta y cinco de siempre en mi cuarto, en mi esquina.
La mañana está oscura. Parece que el Sol todavía no se levanto, y hay un viento que desalienta a cualquiera que quiera arrancar la semana. La niebla sigue cubriendo la ciudad. Hay cuatro grados. El té está caliente. Las tostadas quemadas. Los dejos del fin de semana en mi cara y el espejo no me ayudan a verme lista. El lunes es ese día de la semana que nunca quiero que llegue. Excepto hoy.
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