El tiempo no se contaba. Esa era la meta marcada por nuestra rutina ensangrentada. "Días sin reloj. Minutos aprovechados". De ese modo fue que desenchufamos nuestros cables y desaparecimos de ese show que llamamos realidad.Desenterramos nuestros cuerpos sepultados por las piedras de los que nada tenían que hacer y al aire, lo conectamos con nuestra mente. Aprendimos que los ojos también están para enseñar y que con la manos se puede ayudar.
Del suelo al cielo: éramos hombres nuevos.

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