viernes, 5 de septiembre de 2008

Bosque.

Frágil, inestable e infinito; el bosque de alacranes saciaba mis ganas de escaparme de ellos dos.
El camino no era largo, si no constante.
Servía de refugio, escuchaba mis penas.
La inmensidad era toda mía; el silencio incógnito, las figuras de óleo y el viento que me perdonaba por gritar. La naturaleza desordenada, el verde y la sequía que marcaba mis pasos en el camino de tierra. Era todo, todo mío.

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