El viejo levantó los papeles que todavía irradiaban bronca, guardó los álbumes de fotos que olían a humedad y cerró la valija. Eran las seis menos cuarto en Buenos Aires y la ciudad se estaba despertando.Fue hasta el cuarto, donde en el fondo del placard estaba su abrigo, y besó a su mujer en la frente. Apoyó una carta sobre la mesita de luz y trató de no hacer ruido al cerrar la puerta (Cuarenta y cinco años a su lado no merecían nada menos).
El taxi lo estaba esperando afuera. "A donde vamos señor?" "A donde usted quiera" respondió el viejo y le pidio que subiera el volúmen de la radio.

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