
Tenemos las rodillas raspadas de tanto caernos e insistir en levantarnos;
Los ojos ardiendo, porque el humo y las lágrimas no combinan para nada.
Las caras tapadas porque nos da verguenza jugarnos por el si y mirarnos frente a frente.
Los brazos cansados de abrazarnos de mentira
y las palabras más gastadas que nunca;
De todos modos, también tenemos aprendido que después de cada golpe, viene un beso de perdón (y con eso nos conformamos)-

No hay comentarios:
Publicar un comentario