
No se sentía ni tan perfecta ni tan brillante como el resto, pero se sentía bien. Caminaba segura como pocas veces y hasta trataba de no tartamudear cuando hablaba; cuando se repetía esas frases para sentirse mejor, y creer que verdaderamente se quería y era esa mujer.
En uno de esos encuentros con el viento, no gritó más que libertades y anhelos. Pidió, entre lágrimas y puteadas, una última oportunidad. Se creía viva para volver a despertar y sonreír como si nada. Pero sus impulsos nunca duraron mucho y ante otro pozo más, como siempre, cayó; Ella, la realidad y sus sueños que metaforizados no servían de nada-

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