La sombra coincidente con los huecos en los rincones. El tembloroso paso (eternamente recordado) que rompió el vacío silencio obstinado con sus labios desnudos. El olor a memorias condensadas, a trampas hechas y arrepentidas, a caminos que no vuelven. Ahí estábamos todos.
La astucia débilmente concebida, la incoherencia entre nuestros brazos y la pálida sabiduría de nuestras dudas. Sólo restaba tomarnos de la mano y echarnos a andar.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario